Mercedes Lopez Moreyra
« Seis artistas exponen piezas sobre paisajes personales, escenas detenidas en sus retinas que hablan de una naturaleza abstracta y también doméstica. Horizontes, montañas, cuerpos de agua, imágenes de bosques, flores, una fracción de cielo, zoom de cosas cotidianas, el detalle de una camisa y objetos que nos incitan a descubrir lo que está detrás (o delante) de la ventana.
Las piezas exhibidas, en su conjunto, construyen el relato de un tiempo alterado, de un ritmo circadiano estropeado donde cada oscilación de luz, materialidad y temperatura se manifiesta en distorsiones y reconfiguraciones. En la exposición el paisaje se bifurca, se fragmenta, se aleja de la interpretación clásica sobre aquella extensión de terreno que se contempla desde un sitio.
Las horas giran en el reloj; el tiempo transcurre por el territorio mental que habitan estas artistas. La idea de paisaje no se centra en el objeto que se contempla sino en la observadora que lo traduce.
Francisca Eluchans fija su mirada en el cielo y sus variaciones. Compone una trama a partir de la fracción de formas y movimientos de nubes en diferentes momentos y luces, proponiendo una conexión poética entre lo estático, el movimiento y lo efímero.
Fiorella reproduce imágenes de naturaleza sobre soportes maleables, rígidos y también punzantes. Visuales traslúcidas de especies de árboles nativos que brillan bajo la vibración de la luz diurna, una fotografía de agua atravesada por hierros y la impresión de dos balnearios de Chile sobre placas metálicas, nos expresa el interés de la artista por amplificar el paisaje desde el material que lo contiene.
Los zooms de elementos, superficies y escenas corrientes del día a día que retrata Dominique Bradbury evidencia la esencia insospechada de cosas que pasa por alto en la rutina cotidiana. En sus pinturas, Dominique hace foco en extractos singulares apelando a la observación del detalle como un gesto de atención revelador.
Catalina Zarzar crea objetos que se enlazan con la penumbra de lo nocturno. Escaleras que llevan a ventanas, un banquito para avistar la noche, un emblema que parece contener agua. Las piezas que presenta se disponen como instrumentos para contemplar paisajes en la oscuridad.
Las pinturas de Mara Santibáñez exploran lugares desangelados, invisibilizados, arrasados. En su ejercicio pictórico une parajes errantes y compone perspectivas que se desvían y camuflan Con su ejercicio pictórico logra dotar de aura, brillo y encanto aquella tierra desmembrada.
Bernardita Arís pinta fenómenos naturales y extrañezas en escenas que pueden pertenecer a un parque exterior hasta el interior de una casa. En sus pinturas de naturaleza abstracta, prevalece la duda de un desborde o una contención, mostrando los límites entre el resguardo estructural y lo imprevisible en lo pictórico, prevaleciendo la fuerza del inconsciente.
La ventana de la ventana en la ventana, expone los sucesos e interpelaciones de cada artista en su recorte personal de lo que interpreta como paisaje, pero también pone en valor el ritmo y sincronismo que toman todas estas piezas en su conjunto, haciendo alusión a su capacidad de invención para crear por encima nuevos relatos y conexiones. Capas de registros, de narraciones, de ventanas. »
Texto curatorial para la exposición La ventana de la ventana en la ventana, 2024, Chile