Nathalie Goffard
La pintura de paisaje en tiempos de postnaturaleza
« Hace un tiempo ya, viene discutiéndose lo que puede, o no, definirse como un paisaje. Este cuestionamiento a “los límites del paisaje” le sucede tanto a la palabra misma como a su imagen. ¿Existe entonces la posibilidad de que todo pueda ser considerado paisaje?. No habría que olvidar que el paisaje perteneció primero al campo del arte y que tanto su expansión visual y semántica, como reinvención continua, guardan estrecha relación con la representación de la experiencia humana en el territorio, el que a su vez se ve afectado continuamente por los desarrollos técnicos y tecnológicos. Esto es justamente lo que propone la noción de postnaturaleza, que plantea la desromantización del paisaje, puesto que ya no se concibe como una imagen pasiva, sino como una construcción social, política y económica donde convergen las huellas y consecuencias de toda actividad humana, borrándose los limites entre lo natural y lo cultural.
Se suele olvidar que el desarrollo de los medios de transporte y la aparición de la velocidad han repercutido directamente la transformación de los territorios y por ende en la constante reinvención de la concepción y percepción paisajística. El paisaje emerge, va apareciendo y desapareciendo, tal y como durante un viaje en autopista. Es de hecho así como se originó el trabajo pictórico de Mara Santibañez, quién, a través reiterativos trayectos en carretera, dejó que “apareciera” ese otro paisaje, representándolo como el síntoma de una compleja red de relaciones culturales, económicas, políticas y geográficas.
El paisaje en tiempos de postnaturaleza no puede negar las dinámicas de consumos, las condiciones climáticas, la geopolítica, los hábitos o la ecología. Los paisajes representados por Mara, no son tan solo lugares fugaces, de paso, inhóspitos o invisibilizados, sino que su misma investigación pictórica, el trabajo de luz y paletas de color contribuyen a articular un imaginario claramente local, incluso regional.
El título de esta exposición cita el famoso mito del rey Midas, quien todo lo que tocaba lo convertía en oro… hasta su propia comida, lo que le imposibilitó de alimentarse. A riesgo de morir de hambre, Midas solicitó revertir el don que le había otorgado Dionisio. La moraleja de la historia obviamente refiere a que la ambición desmedida y la codicia traen consigo un trágico e inexorable final. Asimismo, hay otra lectura posible: la que cuestiona los límites entre valor y riqueza. Así por ejemplo, un terreno aurífero puede ser rico para explotarlo, pero infértil para habitarlo. La borrosidad de la frontera entre ambas categorías bien podría extrapolarse al valor de la experiencia estética versus su desvalorización o pobreza funcional.
Mara muestra un corpus de trabajo donde se hace evidente la metáfora de la riqueza, mediante el uso pan de oro, que refuerza también la idea de aridez habitual en esa zona, pero también, es posible vislumbrar aquella relación entre paisaje, huella humana y economía en sus otras series, que aluden al monocultivo, al accidente, la sequía e incluso al ocio. Todo lo que toca la mirada paisajista puede convertirse en oro. »
Texto curatorial para la Exposición: ¿Eres Feliz, Rey midas?, Galería Judas, Valparaíso, 2023