Territorio Imaginado. Sobre la obra de Shingo Yoshida en Chile

Presentado en V Jornadas de Literatura Comparada. UAI “Territorios vividos, imaginados y representados”. Panel 7Paisaje: experiencia y territorio. 18 de Octubre 2018

Epígrafe. “Cada vez que he probado describir un paisaje, el método a seguir en la descripción se vuelve igualmente importante que el paisaje descrito: se comienza creyendo que la operación es simple, delimitar una parte de espacio y decir todo eso que se ve; pero en seguida debo decidir si eso que veo lo veo estando quieto, como usualmente lo están los pintores,(…) o lo veo desplazándome de un punto a otro dentro de este fragmento de espacio de forma de poder decir aquello que veo desde puntos distintos,(…)”

Italo Calvino[1]

El texto trata sobre una obra que es la elaboración visual de un motivo que no sabemos si existe o no, un motivo cutas referencias no son visuales  en sentido estricto, sino, más bien, orales. Me refiero a la obra realizada por el artista Japonés: Shingo Yoshida, quien el año 2012 visitó la Isla Toto en el archipiélago de las Guaitecas para realizar la video instalación “¿Sabe usted algo de la isla Friendship?”.

Si bien es una obra poco conocida, la elegí pues Isla Friendship sería un lugar remoto y extremo, que no está en el mapa pero que estaría al sur del archipiélago y que es conocida en la zona, por rumores que la vinculan a seres extraterrestres. En ese sentido, la obra es la representación mental de un territorio, y en tanto tal, sucede en un territorio imaginado.  

Shingo Yoshida es un artista japonés cuyas obras además de interesante y envidiable- el tipo se dedica a viajar por el mundo- son el registro de la experiencia de observación de un territorio. Sus obras, no tienen mayores pretensiones que eso[2], y eso es todo lo necesario para ser precisa, sensible, irónica, a ratos dura y brutal también. No diría sublime ni pintoresca y, sin embargo, diría, afectada, porque sus obras siempre revelan una cierta extrañeza en relación a los lugares y a las actividades humanas que registran y que son el resultado de tener que adaptarse a diversos estilos de vida de zonas remotas del mundo donde debe tratar de comunicarse con los locales, sin hablar el idioma del lugar.  Y eso me resulta interesante por paradojal, pues la obra consiste en tratar de representarse una isla que existe sólo en el relato oral. Una isla que se construye desde el “se dice que, me dijeron, decían, me contaron”.  Pero que paradojalmente, no se trasmite hacia el artista, “oralmente” pues el artista no conoce el idioma local.

Creo que esta limitación de la lengua, es decir, la falta de comunicación oral, le exige ser un atento observador de lo que le rodea. Es un recolector de hallazgos accidentales que luego son la clave de sus trabajos. Con el material que recopila el artista realiza piezas audiovisuales, objetos, instalaciones, fotografías, etc.

Básicamente es un artista viajero, sin taller y sin lugar fijo, intenta estar en permanente movimiento y su obra se va realizando en la medida que los lugares van ofreciéndole sus particularidades. Un artista que se desplaza por el mundo, que no tiene “taller” en sentido estricto y que entonces la obra depende del lugar, se hace en el lugar, desde el lugar, sobre el lugar, para el lugar. La salvedad es que este lugar, no sabemos si existe.

El año 2012 vino a Chile invitado por el colectivo de arte Vaticanochico de los artistas Francisca Sánchez,  María Berríos e Ignacio Gumucio. En esta visita a Chile, se instaló en la Isla Toto al norte del Archipiélago de las Guaitecas, que se encuentra en la Región de Puerto Aysén en la zona Austral de Chile.

Llegar a la Isla Toto no es fácil, es necesario realizar un viaje en barcaza desde Puerto Aysén que dura al menos 9 horas. Aún hoy, la isla tiene luz eléctrica algunas horas del día, se comunican por radio con el resto de la Región de Puerto Aysén, no hay señal de celular pero hay un teléfono (satelital) en una botillería. Hay residenciales, junta de vecino, iglesia y una escuela. No hay retén de carabineros ni hospital. Tiene apenas unos 300 habitantes que viven de la pesca y comercialización de la merluza austral, y eventualmente de la extracción de otros productos del mar. La Patagonia occidental es la tierra más hostil del planeta, según el diario de Darwin.

Shingo viajó con una vieja radio y su cámara de video, un pequeño flash de luces intermitentes y un manual improvisado para la comunicación básica, que le ayudó a construir Francisca Sánchez, chapurreando un inglés que se traducía a Español, hicieron unas tarjetas con frases que hablaban respecto del propósito de su viaje, pero también que le permitían comunicarse de algún modo como “soy un japonés bueno” o “tengo hambre”.

Es interesante esta idea de viajar sin modo de reconocer con palabras lo que los ojos ven. Aunque en lugares como estos, ni en español – que es también un idioma extranjero-, tendríamos esas palabras. Es por eso quizás, que la zona de los canales al sur de Chiloé se presta tan bien para las leyendas asociadas al mar: el Caleuche, o la Pincoya por ejemplo. En definitiva, el manual y estos utensilios serían los únicos medios para establecer contacto y recopilar información sobre la última de las leyendas del sur de Chile, y uno de los casos más interesantes de la ufología chilena de los años 80. Se trata de una misteriosa comunidad llamada Friendship, de sujetos de apariencia nórdica que habitarían en una isla al medio del archipiélago y que durante años, habrían establecido comunicación vía radio con don Octavio Ortiz. Hacia dicha Isla iba una pequeña embarcación llamada el Mytilus II, que cada cierto tiempo salía de un pequeño puerto con familias y personas que eran invitadas a la Isla. Don Ernesto De la Fuente era el encargado de llevar a las personas al puerto donde eran recogidos.

Don Ernesto dice haber estado en la isla el año 1983, y según él todo era controlado por procesos de computación, habría habido invernaderos, piscina temperada, salones, televisión satelital, etc. Además de la descripción de avances tecnológicos inimaginables para la época, según estas personas, los habitantes de Friendship, con “acento gringo”, trasmitían mensaje de paz y habrían tenido la facultad de predecir cosas anunciando terremotos, desastres naturales y la caída del Challenger.

Se dice que quienes conversaban vía radio, o visitaron la isla cumplen hasta hoy con un pacto de confidencialidad pero a pesar de eso, luego de un tiempo sin contacto, a mediados de los años 90 volvieron a oírse emisiones de radio desde la supuesta Isla y entonces, un programa de TVN (televisión nacional de Chile) llamado “OVNI” se propuso localizar el origen de las trasmisiones que recibían los habitantes del sur de Chiloé, llegaron, sin embargo, a un lugar en el archipiélago de las Guaitecas, sin signos de vida humana de ningún tipo: un desierto. Es más, la isla en cuestión, no sólo no aparece en el mapa, sino que desde la época del programa, ya no ha habido nuevo contacto con los habitantes. De ahí la idea de que en el archipiélago de las Guaitecas existirían compuertas metálicas en medio del mar que se abren para permitir el contacto con extraterrestres y que entonces, la isla Friendship era una isla de extraterrestres, aunque también existe la idea que es una comunidad nazis que se escapó de la segunda guerra mundial.[3]  En definitiva el artista viajó a Chile guiado por la búsqueda de lugares que además de remotos son mágicos: “Como método para reconfirmarme,- dice Shingo-  trato de encontrar leyendas y mitos, estados de la sociedad que están escondidos en algún lugar del mundo y casi olvidados o perdidos. Finalmente esta es la razón por la que continúo viajando.”[4].

Cuando llegó a Puerto Gala en Isla Toto fue recibido por una decena de habitantes que lo acogieron por dos semanas mientras Shingo filmaba su experiencia entre ellos. Es poca la información disponible sobre este trabajo y menos sobre su estadía en Isla Toto, de hecho, el centro de documentación de artes en Chile (CEDOC) no tiene el catálogo que se habría producido en torno a este trabajo,  sin embargo, buscando en internet encontré uno entrevista hecha por la Biblioteca del Congreso, en su programa Asia/pacífico[5] donde Yoshida dice: “Es extraño. Llegué a Puerto Gala buscando alienígenas, y creo que el alienígena era yo. Un día Laucha -habitante de la isla – me ayudó a conseguir señal de radio desde una antena de televisión que estaba arriba de un árbol. Conseguimos señal china, peruana, pero no chilena. Allá viven un mundo propio y un japonés con una cámara, por cliché que parezca, no es una visita común. No pude dar con la mitológica Isla de la Amistad. Se dice que aparece y desaparece. En el horizonte había algunos montículos de tierra con esas características, que cubiertos de niebla y viento se hacían intermitentes, pero creo que había que mirar más cerca para comunicarse con extraterrestres”.
En definitiva, con el material que recopiló en este viaje, sintiéndose él mismo un alienígena, hizo la video instalación “¿Sabe usted algo de la isla Friendship?”

El video se expuso en la exposición « I was here and Everyone is here »[6],  retro proyectando los poco más de 33 minutos que dura sobre una tela y bastidor, tensados entre dos columnas neoclásicas del edifico.

En el video, de bordes difusos, el mar está presente todo el tiempo, en todos lados, hay imágenes de un asentamiento humano precario, hombres en el mar comentan cosas inaudibles, un clima y el color frío, el sonido que capta una radio antigua y algunos habitantes.[7]

En la exposición había también una máquina para hacer niebla, confiriendo a todo el contexto esa sensación de sueño. El ambiente y la imagen misma se tornaban pictóricos como si una obra que trabaja con la observación de un lugar determinado, donde predomina la naturaleza, no puede evitar remitir a la pintura.  Además, esa cuestión imaginada, y la intención de construirnos un punto de referencia que habilite formas, me hace pensaren no en cualquier pintura sino, en pintura de paisaje. Esta obra delimita y designa un paisaje, y lo hacen como la pintura lo haría: Sus resultados son imágenes bidimensionales, proyecciones que encuadran una porción de naturaleza y abordan el paisaje, en el sentido de que quien dice paisaje ve la naturaleza como modelo primero: imágenes de vastedad, de inmensidad, desolación y silencio.

La falta de nitidez intencional de la proyección, también hacía pensar en una pintura, una pintura hecha a partir de luz que plantea de inmediato el problema de la representación, habla de miradas, es enfáticamente una manifestación de la subjetividad y la constatación de una imposibilidad. El artista, es su viaje expedicionario, va en busca de algo, plantea una pregunta, y no encuentra lo que busca, pero difícilmente lo iba a encontrar. Todo el proyecto es una épica al fracaso, ¿era en realidad posible encontrar algo? Y me hace pensar en la “mano”, esa que cuando pinta el paisaje, hace visible que lo que ahí hay es una mediación subjetiva, que no intenta hacernos creer que lo mostrado por estas imágenes de gran nitidez, es la realidad.

La obra, a través de textos, imágenes o registros de un lugar es el relato de una experiencia que más recuerda un sueño que a la vigilia.  La obra nos relata un viaje, y las condiciones de exhibición, nos relatan una pérdida. Miramos una escisión que más que servirnos de documento, nos sirve para ver un paisaje en la mirada de quien lo observa, que al observarlo, lo construye. Miramos la representación que hace Shingo a partir de relatos y reconstruido a partir de retazos, de huellas de esos relatos. Así, podemos reconocer esos paisajes a través de la mirada del artista, que la ha, de algún modo “retratado”.  Eso que el artista intenta mirar con los ojos, mis ojos nunca lo han visto, no sé qué es eso que mira, abre una herida, una fisura entre lo que se dice de un lugar y lo que miramos, la fisura entre el imaginario, y la experiencia de ver. Al final de cuentas esta obra no sirve para probar ninguna verdad empírica. Son pequeños pedazos que nos cuentan la experiencia del artista en relación a un territorio no visto.  El que no podamos verlo, no hace que Isla Friendship no exista, simplemente, sólo viven en nuestro imaginario, en cuanto representación mental de un territorio.  Shingo no ha ilustrado ni construido una isla desde la fantasía, lo que ha hecho es construirnos una referencialidad a partir de la imposibilidad de ver, pero haciendo que siga existiendo en tanto posibilidad de imagen. Shingo Yoshida, ha hecho de esa porción del territorio, un Paisaje, es decir: una porción de territorio que nos liga relacionalmente, que dota a la memoria de algún lugar donde afirmarse. El paisaje es la creación de una mirada que se instala. Como dice Javier Maderuelo, “El paisaje es definido por la visión e interpretado por la cultura”. [8]  El artista, construye junto a nosotros, una representación mental de un territorio posible. Es la mirada de Shingo, una herramienta fundamental, para comprender un territorio imaginado, una isla perdida, una que quizás exista en la realidad, pero que sin duda existe en la imaginación, y ahí encuentra un lugar para recorrer, un territorio, un territorio imaginado.


[1] I. Calvino. (1995). Ipotesi di descrizione di un paesaggio, en Saggi. Milán: Arnoldo Mondadori. Traducción: Krasna Vukasovic.

[2] Las podemos ver en su página descargando unos pdf. https://www.shingoyoshida.com/pdf

[3] Link donde es posible ver el programa OVNi: https://www.youtube.com/watch?v=xcQyPrzemi0

[4] Extraído del statement del artista el 06 e Abruil 2017: https://www.shingoyoshida.com/works (Traducción propia)

[5] http://www.bcn.cl/observatorio/asiapacifico/noticias/shingo-yoshida-artista-japones-chile. Extraído 01 de abril

[6] en el Museo de Arte Contemporáneo MAC, sede Quinta normal, Santiago, Chile (2012)

[7] El tráiler se puede ver aquí: https://www.shingoyoshida.com/friendship. Extraído el 01 de abril.

[8] Maderuelo, Javier, Actas. El Paisaje, Arte y naturaleza. Huesca, 1996. Pág. 26

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